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La Païva, cortesana rusa cuya lista de amantes incluye a las figuras más célebres del siglo XIX

La Païva, cortesana rusa

La Païva, la cortesana más celebre del siglo XIX 

 

Las mujeres siempre lo han tenido mucho más complicado que los hombres para posicionarse en el mundo y ascender logrando una vida mejor, además de cumplir con la satisfacción de sus aspiraciones. Por otra parte, han sido muchas veces en las que hemos escuchado como las situaciones más complicadas han sido las que propician el despertar de un ingenio agudo que hace que los humanos consigan alcanzar objetivos y sueños que ni se habían detenido a contemplar.

Como ejemplo de este tipo de situaciones podemos usar la vida de La Païva, nacida en Moscú en el año 1819, ciudad donde se asentaron sus padres, Martin Lachmann y Anna Amalie Klein, judíos de ascendencia polaca.

Su verdadero nombre era Esther Pauline Thèrése Blanche Lachmann y se convirtió en una de las cortesanas de mayor éxito en la Francia del siglo XIX.

Los inicios de La Païva

Su emocionante vida comenzó en 1836, cuando tan solo tenía diecisiete, se casó con Antoine Villoing, un humilde sastre con quien tuvo un hijo. Por supuesto que el matrimonio fue concertado por sus padres y poco tiempo después, Esther huyó abandonando su familia. Pasó por Berlín, Viena y Estambul antes de asentarse en París, donde vivió al principio en los suburbios más sórdidos bajo el nombre Thérèse. Fue en esta asombrosa ciudad en pleno auge donde comenzó su búsqueda de amantes de buena posición que asumieran hacerse cargo de ella.

No tardó en encontrar al amante perfecto, el compositor y pianista Henri Herz. Bajo su abrigo se le abrieron las puertas de la sociedad artística de la época y la popularidad de la pareja fue creciendo hasta el punto de reunir en su casa a artistas de la talla de Richard Wagner, Franz Liszt o Emile de Girardin.

La amante de Henri Herz

Henri Herz siempre solía presentar a Esther Lachmann como su esposa pero estos nunca llegaron a casarse puesto que el primer matrimonio de ella seguía vigente. No obstante, tuvieron un hija, Henriette Herz, que fue criada por los padres del compositor.

 

Músico Henri Herz

Henri Herz 

La pareja vivió un romance lleno de despilfarros, causando graves estragos en la economía de Herz, que tuvo que partir a Estados Unidos en el año 1848 en busca de nuevas oportunidades. Mientras tanto, Lachmann siguió gastando el dinero del la familia del músico sin reparos lo que provocó que se cansaran de ella y la echaran.

Lachmann fue repudiada por la familia Herz y tuvo que lidiar con la indigencia hasta que una de sus amigas cortesanas, Esther Guimond, le ayudó al presentarle a la modista Carnille, quien le aconsejó partir a Londres y probar fortuna como modista.

Las grandes conquistas de La Païva

Sin nada que perder y con la ropa prestada de su amiga, Esther Lachmann se trasladó a Londres. No tardó en conseguir su primer amante, Lord Stanley, quien le presentó a otros hombres acaudalados que la convirtieron en su amante.

 

Lord Stanley

Lord Stanley

Gracias a Lord Stanley, Lachmann consiguió una significante número de amistades con gran influencia (aristócratas, políticos, empresarios...) Estas relaciones le confiaban un gran poder indirecto, con lo que podía conseguir un trato más favorable y moverse en los círculos con mayor prestigio de la época. Ya en París, se relacionó a Lachmann con Alphonse Rothschild, el heredero del Gran Barón de Rothschild. Nuestra cortesana no paró de adquirir popularidad y  mayor riqueza, mejorando su estatus y su calidad de vida.

Su matrimonio con Araújo de Paiva

De vuelta París en 1848, Lachmann pasó por Baden-Baden para relajarse y ahí conoció al marqués portugués Albino Francisco de Araújo de Paiva. Su primer marido ya había fallecido por lo que Esther pudo contraer matrimonio con su recién conquista el 5 de junio de 1851, adquiriendo una gran fortuna y la condición de marquesa de Paiva, aunque se le añadió la diéresis como forma de distinción.

Al día siguiente de la boda y según lo que escribió el conde Horace de Viel-Castel, uno de los principales cronistas de la aristocracia parisina, La Païva le dijo a su recién marido algo parecido a lo que podemos leer en la siguiente imagen.

Cabe decir que el mismo conde denominó a La Païva la reina de las prostitutas, soberana de su raza.

Frase de La Païva

 Frase que supuestamente dijo La Païva a su marido

Como si por obra de magia se tratara, los deseos de la cortesana se llevaron a cabo y el marqués volvió a Portugal dejando a su esposa sola en París. Se dice que la relación entre ambos fue cordial y el matrimonio se anulo en 1871, aunque fue al año siguiente cuando el marqués murió al pegarse un tiro.

La consolidación de La Païva y su tercer matrimonio 

La Païva tuvo otros grandes amantes como Antoine Alfred Agénor de Guiche, que se convirtió más tarde en Duque de Gramont, Príncipe de Bidache y Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III. Sin embargo, su vida de conquistas finalizó al conocer a Guido Henckel Von Donnersmarck, magnate minero prusiano.

Se dice que ella lo persiguió por toda Europa fingiendo encuentros casuales con tal de atraer su atención y despertar el amor, lo que resultó ser todo un éxito al casarse por tercera vez con el conde prusiano Guido Henckel von Donnersmark, primo del canciller Otto von Bismarck. Como regalo de bodas, La Païva obtuvo el Château de Pontchartrain y los famosos diamantes amarillos Donnersmarck.

Chateau de Pontchartrain, primer gran regalo para La Païva.

Chateau de Pontchartrain, primer gran regalo para La Païva.

La Païva ha pasado a la historia como coleccionista de arte y joyas, mecenas de la arquitectura, hablaron sobre su vida en varios países y su nombre sonó en boca de famosos escritores y no es para menos después de haber llevado una vida tan emocionante, rodeándose con las figuras más célebres del siglo de la industrialización a pesar de sus modestos orígenes.

Con el dinero de su tercer marido, La Païva construyo el hotel más elegante de París: Hotel de La Païva. Su construcción costó dos millones de francos de oro y acabó por convertirse en un ejemplo del gusto de la época, además de un símbolo del Segundo Imperio Francés.

 

Hotel La Païva, París

Hotel La Païva, París

El hotel rápidamente se convirtió en una de las mansiones más ostentosas de París, ubicado en un entorno inmejorable, 25 Avenue des Champs-Élysées.

 Interiores Hotel La Païva, París

 Interiores Hotel La Païva, París

La Païva se convirtió en la perfecta anfitriona de lujosas recepciones, tés, cenas, fiestas...durante muchos años. Se rodeaba de artistas y escritores como Gustave Flaubert, Émile Zola o pintores como Eugène Delacroix. Con la información que nos ha quedado con el paso del tiempo, hemos podido saber que las fiestas eran tan ostentosas que los invitados solían debatir sobre cuánto podrían costar.

Une soirée chez La Païva de Monticelli

Une soirée chez La Païva de Monticelli 

 A pesar de sus orígenes y de la profesión por la que se decidió, supo desenvolverse hasta su máxima plenitud, consiguiendo todo aquello que siempre había anhelado, entre lo que la riqueza era una de sus principales ambiciones.

 Esther Lachmann murió en el Castillo de Neudeck en 1884 a los 64 años siendo la condesa Henckel von Donnersmarck.

La Païva

La Païva 

 

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